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Historia de los Carnavales

El miércoles de ceniza comienza el tiempo litúrgico de la cuaresma.  Durante este tiempo recordamos los cuarenta días que Jesús estuvo ayunando en el desierto, y buscamos unirnos a su sufrimiento haciendo penitencias y reflexionando sobre la dirección de nuestra vida.  Dependiendo de las posibilidades de cada quién, podemos ofrecer ayunos, abstinencias y otras privaciones o sacrificios que nos ayuden a fortalecer nuestra voluntad, así como también obtener beneficios espirituales para nosotros o para otras personas.  Pero así como sabemos ofrecer sacrificios, también sabemos celebrar.  Los católicos no somos puritanos.  Reconocemos que toda la creación de Dios es buena en su naturaleza, y por lo tanto el alma del hombre es buena y el cuerpo del hombre es bueno; por eso los cristianos tenemos una larga lista de celebraciones donde se puede festejar santamente algún acontecimiento importante como la Navidad, un cumpleaños o la Pascua.  La alegría es uno de los frutos del Espíritu Santo, y es una señal del redimido.  Sin embargo, en las celebraciones también acecha insidiosa la tentación, como buscando hacernos caer.

 

Sin embargo, también en las culturas paganas se venían haciendo celebraciones en fechas cercanas, relacionadas a la despedida del invierno y la llegada de la primavera.  En los países nórdicos, también representaba el regreso de la luz puesto que el día comenzaba a alargar notablemente su duración.  En el mundo griego, por ejemplo, se celebraban las bacanales, fiestas en las que se bebía sin medida.  En el Imperio Romano se importaron las bacanales, pero también contaban con su propia celebracion el 15 de febrero para la lupercalia, fiesta en la que se disfrazaban de lobos y otros animales; la fiesta era en honor a Romulo y Remo que míticamente fueron amamantados por una loba.

 

La etimología más aceptada de carnaval es la frase latina "carne levare" (dejar la carne), y se puede entender como el dejar la carne por los sacrificios de abstinencia, pero también dejar de complacer a la carne.   Los carnavales

en la antigüedad podían durar todo el mes de febrero, o incluso podían comenzar desde antes de febrero.  Cuando el Papa Gregorio el Grande estableció al Miércoles de Ceniza como el día en el que se comienza el ayuno, creó un parteaguas para separar el tiempo de fiesta del tiempo de penitencia, y se definió al segundo más claramente.  En la Baja Edad Media se popularizó una frase que reza: "quien quiera en febrero echar al invierno con una variedad de actos poco honrosos, no es un cristiano sino un pagano".

 

En el año de 1162, para celebrar la victoria de la República de Venecia sobre el patriarca de Aquilea (Ulrico de Treven), se juntó mucha gente para bailar y celebrar en la plaza de San Marcos, en Venecia.  Como parte de las condiciones de la liberación de Ulrico, se estableció que pagaría como tributo un una res y doce cerdos anualmente.  Estos animales eran sacrificados en la plaza, y esa costumbre se hizo parte de la celebración del carnaval.

 

A lo largo de los años, la práctica del carnaval se ha extendido por todo el mundo, comenzando por las ciudades portuarias, donde ha proliferado precisamente porque tradicionalmente son centros de comunicación con otros puertos que sirven para diseminar historias, prácticas y costumbres.  El carnaval, así como ha adquirido diversas formas y tradiciones, también ha adquirido muy variados nombres, como son Martes Graso (o Mardi Gras en francés) y Martes de "Hot Cakes" (Pancake Tuesday en inglés).  En algunos lugares, incluso se celebra en mayo (en Nicaragua se le llama Palo de Mayo) o en el verano (por ejemplo en Antigua y Barbados).

 

Autor: Daniel Jesus Valencia Sánchez

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